Todo comenzó en 1889
El pago de Rosario se iba convirtiendo en ciudad y desde 1852 la nueva urbe se proyectaba hacia un próspero futuro. La radicación ed empresas extranjeras signico la llegada de gran cantidad de italianos, españoles, franceses, alemanes, ingleses y de gente de muchas otras nacionalidades, que se instaló en forma temporaria o definitiva. Con la llegada de familias de todo el mundo, comenzaron a practicarse costumbres que pronto fueron aceptadas pr los nativos. Entre ellas el fútbol, que fue traído por los residentes ingleses, quienes en 1867 fundaron el ya desaparecido Rosario Crocket Club y tres años después, al inaugurarse el Ferrocarril Central Argentino, los funcionarios ingleses iniciaron muchas de las entidades deportivas de la ciudad. De acuerdo al censo realizado en 1867, había en Rosario 50.914 habitantes, de los cuales el 41 por ciento eran extranjeros. Un grupo de ingleses que pertenecía al ferrocarril comenzó a practicar el foot-ball y el cricket, y consiguió que la empresa la cediera algunos de los terrenos ubicados entre los portones 3 y 4, cerca del pasaje Celedonio Escalada. Como en ese lugar funcionaban los talleres, el grupo fue llamado "De los talleres" o, simplemente, "Talleres". A fines de diciembre de 1889 se reunieron los deportistas en un vijo bar de la avenida Alberdi, donde luego de construir un colegio deciden organizarse como club y adoptan una denominación definitiva. Al parecer por una moción del inglés Mutton, se denominó Central Argentine Railway Athletic Club. Se designó como presidente a Colin Bolin Calder. y el capitán del equipo era el lord Jackson, que se desempeñaba como inspector general en la empresa y jugaba de zaguero. De esa primera reunión no se conservó acta, pero se sabe por declaraciones de algunos asistentes, que se realizó en una lluviosa víspera de Navidad, y entre quienes concurrieron pueden citarse con cierta seguridad histórica, además de los nombrados, a Thomas Hooper y sus hijos Willian y Henry, Miguel Green y su hermano Daniel, que era cuñado de Calder, y Willian Taylor Paul, farmaceútico de la zona, y que sería el segundo presidente del Club. También estuvieron Sthepen Simps, W.Mulhall, N.Cooper, W.O.Lucas, R.Puplett, A.Mayne, H.Wilkinson, S.Nolis, Y.J.Muslet. Así nacía una gloriosa historia en la Navidad de 1889, en una pujante ciudad de gingos laburantes, surcada por el ferrocarril inglés, un puerto incipiente y conventillos por doquier. Y de aquel grupo de muchachos que trabajaba en el ferrocarril y se juntaba en las horas libres a patear en los campitos situados junto a las vía, surgiría esta pasión incontrolable, este loco berretín por una camiseta azul y oro, la mejor excusa para la pasión de su gente por los colores del alma, un amor de barrio, una tierna locura arrabalera, una gambeta canyengüe con porte de compadrito. Un sentimiento inexplicable llamado Rosario Central.